martes, 18 de diciembre de 2012
Los fracasos.
Los fracasos.
Autor: Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org
Escuchaba al sacerdote en el homilía del domingo pasado y me asombró algo que decía, de que el mismo Jesús fracasó. La gente cercana a Él, con los que creció y lo conocían fueron los que lo rechazaron y criticaron duramente. Su mismo pueblo lanzaba preguntas dudosas sobre su poder.
Lo que mas llamó mi atención fue que aunque lo criticaran tan duramente y el haber fracasado en hacer entender a la gente su mensaje salvifico, no se echó para atrás, ni mucho menos se desanimó un momento. Más bien tomó mucho aliento, diciendo: "que no desprecien un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa". (Mc 6,1-6). No pudo lograr el cambio entre su gente por la falta de fe de éstos, no porque su mensaje no haya sido bueno.
Cuántos de nosotros, incluyéndome, tenemos buenos fracasos, nos ponemos tristes, nada salió, nada valió la pena. Pero el mismo Jesús nos da un ejemplo increíble, en lugar de estar llorando por su fracaso, siguió haciendo todo lo que siempre hacía, curando algunos enfermos, imponiéndoles las manos, recorriendo los pueblos de alrededor enseñando, pese a que muchos no le hacían caso. Jesús nos enseña que a pesar de que las cosas no salgan como las esperamos, y quedemos deprimidos porque las cosas no sucedieron como esperábamos,
no debemos cambiar lo que estábamos acostumbrados a hacer, sino seguir con lo que estábamos haciendo.
Pensemos que aún cuando no nos salen nuestros proyectos o se materializan nuestros deseos, nada debe llevarnos a bajar la cabeza y entristecernos por ello, sino que es la oportunidad de tomar más aliento y hacer más duro nuestro trabajo, con más dedicación porque así lo amerita. ¿Cuántos de nosotros hemos dejado proyectos en nuestras comunidades por el primer fracaso? o ¿hemos dejado nuestros matrimonios por el primer traspié o los que pudimos tener en nuestra vida personal y profesional?. El mismo Jesús nos enseña que no debemos en esos momentos desanimarnos porque nada tiene tanto peso para bajarnos la cabeza, es preferible perseverar en nuestros propósitos. Debemos decir nos a nosotros mismos, "nada ni nadie para quitarme mi coraje y fuerza para seguir".
Pidamos al Señor que no seamos nosotros mismos como la gente de su pueblo, que lo rechazaron por su prédica. No estorbemos a los que con mucho aliento hacen su gran esfuerzo en nuestras comunidades y no le creíamos y los aplastamos y que todo eso nos resulte escandaloso como a los del pueblo de Jesús.
("Sigue, aunque tus fuerzas no te den,
al final verás una hermosa luz,
al rostro de Jesús, que viene con una
corona para ti, por seguir).
(Martín Valverde).
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