sábado, 27 de septiembre de 2014

Que rápido.

                                                              Que rápido.





Autor: Omar A. Jiménez Castro.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Hace poco tuve la dicha de estar meditando un amanecer y un atardecer. Es impresionante como se parece la vida a cada uno de estos momentos del día.

En un instante nacemos como un amanecer. En el caminar de nuestras vidas no paramos de decir “¡qué rápido pasa el tiempo!”. Y en un abrir y cerrar de ojos pasa todo y de nuevo decimos, qué rápido.

Mientras vamos esperando ese atardecer de nuestras vidas, cargamos con tantos recuerdos que se van metiendo en nuestras mentes como un casette o memoria flash.

Algunos de esos recuerdos están llenos de odio, de rencor, de ese dolor que nos impide decir “perdón”, aún cuando no fue nuestra culpa, ese dolor de no haber hecho el mejor esfuerzo en aquello que queríamos.

Cuando tenemos el hoy, ese presente que es lo único que contamos, sentimos ese dolor de mirar al pasado y no poder regresar para corregir lo que hicimos.  Dice un dicho popular que “recordamos el pasado cuando sabemos que no vamos a regresar”.

Qué rápido pasa el tiempo para aquellos que se han dedicado a amar aun en sus imperfecciones.

Qué rápido pasa el tiempo con aquellos que amamos de verdad.

Todo pasa, días, meses, lugares que te hacen recordar aquellos tiempos inolvidables que no vivirás jamas.

Te das cuentas que todo es rápido, en cualquier momento llega el atardecer de nuestras vidas, y dices, de verdad, ¡qué rápido pasa el tiempo hacia la eternidad!.

Bien decía una canción que rápido se nos va el tiempo.

Todo pasa, aún los que amamos y todos esos momentos increíbles en lugares increíbles que siempre estarán en tu mente.

Todo pasa, aún los momentos más duros que no pensamos habrían de terminar y así transcurre nuestra vida, dejando lo material, pero llevándose con uno y en las mentes los recuerdos de aquellos que nos recuerden.

Hay que aprender a decir adiós a aquellos lugares que te traen recuerdos que nunca volverán. Sólo vemos al final, un atardecer de nuestra vida. ¡Qué tarde se nos va la vida!

No hay duda que en menos de cien años no estaremos ya en este mundo y moriremos humanamente a no ser que hayamos hecho algo extraordinario para ser recordados en alguna fecha.

Todo aquello que nos aferramos acabará como un atardecer.

Si falta algo por hacer o realizar, por decir, no hay que esperar tanto como para darnos cuenta que el atardecer de nuestras vidas esté pronto y tal vez no tengamos el tiempo suficiente para realizarlo.

Un pensamiento final, hay muchos atardeceres, algunos tormentosos, otros lánguidos, pero muchos apacibles, con nubes multiformes, a veces artísticamente dispuestas en una paleta de pintor cambiante de vívidos rojos pasando gradualmente por la franja de los azules que finalmente son absorbidos por la falta de luz... que no es total, porque allí aparecerá la luna como nueva apuesta de la claridad. Aún el cielo más oscuro permite ver a través del brillo estelar.

Nuestra oscuridad terrenal será inundada por la Luz Eterna de Nuestro Señor.
Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario